miércoles, 29 de agosto de 2007

Iba con prisa, casi corriendo. Una voz me preguntó la hora. Miré el reloj. 12:05. Antes de dar respuesta levanté la mirada y me encontré con una cara llena de surcos. La mujer también levantó la mirada y nuestros ojos se encontraron. 12:05. Gracias, joven.
Caminé despacio. Traté de recordar cuándo había sido la última vez en que alguien me preguntó la hora y le conteste a los ojos. Generalmente respondo en movimiento, dando un vistazo rápido a las manecillas en mi muñeca, apenas disminuyendo la velocidad de mis pasos y soltando la marca del tiempo como si se tratara de cualquier cosa.
No sé en qué momento la vida comenzó a acelerarse. No sé en que momento el tiempo me llenó de su ausencia. Los minutos se acortaron. Los años pasan más rápido después de los veinte, dijo Raziel horas más tarde. Y es hasta este momento en que veo la circularidad del día. Porque en la mañana una simple respuesta me hizo pensar en el tiempo que empezó a desaparecer sin darme cuenta, llenándome de una prisa que parece eterna y cada día más urgente; una prisa que no deja espacio para nada, que requiere y que consume, que exige más espacio para su existencia, aunque al final sólo haya logrado hacer una parte de lo que me hubiese gustado realizar en la jornada. Y casi al terminar el día, mientras disfrutaba un reencuentro largamente anunciado, mi primo dijo acertadamente que después de los veinte los años se van más rápido. Y a partir de su comentario comencé a preguntarme cómo sería a los treinta, a los cuarenta y lo que espero sea un largo etcétera.
De vez en cuando me doy tiempo para la contemplación. Y sé que lo hago mucho más que la mayoría de la gente que conozco. Por las razones que sean, ahora aun puedo hacerlo. Y lo único que quiero es no perder eso en los años venideros. No puedo decir que me preocupa. Lo importante es usar bien ese tiempo, detener de vez en cuando la prisa para ver un rostro que no puede ser más que el de una anciana mexicana, para degustar una cerveza con la familia o los amigos (que en mi caso son lo mismo) sin preocuparme por la tesis o la falta de trabajo, o simplemente para sorprenderme de nuevo al sentir mi corazón y ser perfectamente conciente de la forma en que respiro. Disfrutar esos pequeños detalles son las cosas que brindan el balance positivo del cual he hablado aquí antes. Un balance positivo al día. Un disfrute de las cosas. Un aprovechar el tiempo. El tristemente manoseado Carpe diem.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce

Hace varios años un compañero universitario me recomendó leer a Roberto Bolaño. La contraportada del libro era imponente al colocar a la novela Los detectives salvajes en el mismo nivel de Rayuela de Cortázar. Compré el libro y empecé a leer. Me gustó. Sin embargo, dejé la lectura por creer que todavía no estaba preparado para llevarla a cabo. No me arrepiento, ahora puedo tener una mejor recepción de la obra, y más conveniente a mis intereses.
Sin embargo, a pesar de todo, Bolaño se convirtió en una especie de fantasma en mi historia de lecturas (hasta la fecha no he conseguido Una novelita lumpen, que era con la cual quería iniciarme en su literatura). Años después de ese primer encuentro, con la muerte del escritor, evité caer en la avalancha de lectores (cada que muere alguien se disparan las ventas y aumenta el número de seguidores).
Hace un mes más o menos, mientras buscaba algún libro para nuevamente gastar mi dinero y quedarme con cero en el bolsillo, me crucé con Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce y reapareció el fantasma. La primera novela de Bolaño, escrita a cuatro manos con Antoni García Porta (A.G. Porta). La tentación fue enorme, pero antes debí resolver si ya me sentía capaz de leer a Bolaño. Dos días después, endeudándome (puesto que ya había gastado mi dinero) compré el libro.
La lectura fue rápida. Se trata de una narración tipo policíaca, fluida y cuya intensidad va creciendo a cada párrafo, hasta llegar a una especie de descenso que prepara para el final. Lo mismo sucede con las acciones. Podría decir que es una novela rápida. Los personajes son jóvenes y, aunque se sitúan en otra época (la novela fue escrita entre 1979 y 1983), no me parecen tan distantes ni la actualidad ni a mí. Ángel Ros, el protagonista, es un joven español -a ratos luce más bien latinoamericano-, que parece dejarse llevar por las acciones de Ana y al mismo tiempo refiere una y otra vez sus quimeras literarias. Otras cosas atractivas de la obra son el sentido del humor, bastante incisivo en ocasiones, y las referencias y guiños culturales que van desde la cuestión literaria hasta la nota criminal, y que en la misma narración llegan a hacerse explícitos.
La edición contiene un buen cuento, también escrito a cuatro manos: "Diaro de bar". Además, resulta interesante leer el breve prólogo del mismo A.G. Porta, donde habla sobre lo que ha significado la novela y trata de recordar cómo fue el proceso de escritura tanto de los Consejos como del cuento. De particular curiosidad son las opiniones vertidas por el autor y las referencias epistolares donde se ven las ideas de Bolaño. Vale la pena.
Roberto Bolaño & A.G. Porta, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce seguido de Diario de bar, Acantilado, Narrativa del Acantilado 99, Barcelona, 2006, 182 pp.

NOTA: Como dato curioso, escuché "Wolf like me" mientras recordaba la novela y no me resulta contradictorio, quizás hasta imaginaría a los protagonistas en alguna de las escenas con esa canción de TV on the radio como fondo musical. Por otra parte, quisiera aclarar que tengo mucho tiempo sin analizar o al menos reseñar un libro. No sé si alguna vez lo hice bien. Y ahora pongo todo en duda puesto que, con las clases de latín me doy cuenta de lo poco que conozco el español y de lo mucho que me falta para escribir correctamente. Y bueno, en el caso de hablar sobre algún libro, hace tanto que no lo hago con cierta seriedad, que ya no sé qué decir. Nunca me han agradado las reseñas que cuentan partes de la historia o incluso el final. Pero valga esto como el inicio de una especie de nueva sección en el blog en la cual recomendaré algún que otro libro según los vaya leyendo y me hayan gustado. Lo haré de manera más bien informal, cualquier comentario se agradecerá. Y también valga esto como el principio de mí intento por tener una mejor escritura, apoyado en esas clases de latín que tan ignorante me han hecho sentir, pero que a la vez me han dejado con el reto de la propia superación.

sábado, 18 de agosto de 2007

Fin de semana

Una semana de reajuste en general. Saber qué quiero en esta coyuntura de mi vida. La verdad sin mucho tiempo para mis fugas en la red. Y hoy que me siento a ver qué hay de nuevo en este mundo virtual, encuentro tantas cosas que apenas me dejan tiempo para escribir aquí. De hecho, no pienso escribir. Traigo la cabeza demasiado alborotada y podría ir de un lado a otro sin decir absolutamente nada. Así que esto es sólo para no descuidar el blog, poniendo un video chingón de Super Furry Animals. La canción, Something for the weekend, me gusta, me alegra, coincide con el día y está dedicada...

lunes, 13 de agosto de 2007

La promesa tiene que ser cumplida y decir que Lalo y yo les pateamos el trasero en una de las tres partidas de dominó, logrando el conocido “zapato”. Pero también debo decir que no importa. Como tampoco trasciende que los ganadores globales hayan sido en realidad Juan e Iván. Éramos los cuatro y eso bastó. Ron de por medio. Dominó. Baraja. Suerte. Risa. Anécdotas. Abrazos. Canciones. Ebriedad. Algunas polémicas.
Creo que en el fondo los cuatro sabíamos, sabemos, que no fue la última vez, pero sí fue simbólica, como una especie de despedida a ciertas cosas, y al mismo tiempo una bienvenida a los cambios que se aproximan en la vida de cada uno. Porque las cosas definitivamente no serán iguales. Porque este año tiene que ser el año, dijo Juan, y en el fondo de los otros tres corazones latió el mismo deseo. Porque todos damos pasos decisivos. Y porque estaremos hombro con hombro, apoyándonos bajo cualquier circunstancia. Pero necesitábamos esa borrachera. La veníamos buscando desde hace un par de meses.
Hoy es una anécdota más en nuestra historia. Espero una de muchas que vendrán. Ojalá no se impongan ni el tiempo ni la distancia. Cada uno va por un camino, pero todos siguen convergiendo. Yo al menos puedo asegurar que hoy, que se me presentan felicidades inesperadas, y justo hoy que inició algo postergado desde hace años, sé que de alguna forma estarán conmigo. Y espero no duden que también estaré a su lado.