martes, 18 de agosto de 2009

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Dije que tal vez dejaría de escribir aquí por un tiempo indefinido. Sin embargo, dos hechos me hicieron dudar y hoy escribo algo propio. Quizá sea únicamente un paréntesis, no lo sé, pero prefiero que hablen otros, los que sí saben, los que sí escriben literatura.

2
Hace algunos días Iván dejó en su blog un vídeo de la canción Gulliver de Joaquín Sabina. Pocas palabras acuden a mi lengua cuando un amigo dice cosas similares a la que él escribió en esa entrada. Quede simplemente decir que en ese momento quise escribir algo aquí, nada espectacular, acaso esto, una sencilla nota de agradecimiento.

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Ayer algo me hizo daño. No sé qué fue. Quizá el espíritu malo que me habita, quizá sólo la comida, falta de sueño, alguna cosa similar. No recuerdo cómo llegué a casa. Lo último que recuerdo fue despedirme de Mariana y pisar el acelerador. Dolor de cabeza, nausea, palpitaciones en los ojos, algo de fiebre.
Hace varios años, cuando aún no vivía donde vivo ahora, así que por lo menos son doce años, una tarde me sentí como ayer. En esa ocasión estaba solo. La convivencia con mis padres abarcaba de dos a tres horas al día desde que tengo uso de razón hasta hace seis años. La ventaja de crecer relativamente solo es que uno logra conocerse bien, al menos en un sentido práctico, como en los malestares físicos. Sin embargo, esa vez la recuerdo porque el malestar fue peor, mucho más intenso de lo que solía ser, incluso pensé que se me iba la vida, me hallaba solo (creo que incluso mis padres estaban fuera de la ciudad, no recuerdo) y por primera vez en mucho tiempo deseaba no estarlo y que alguien más me dijera que no iba a ocurrir nada grave.
Entre la fiebre y el cansancio, entre la preocupación y no tener a quien llamar, lo único que me quedó fue meterme bajo las cobijas en cama de mis padres y, temblando de escalofríos, concentrarme en que todo estaría bien, que ese no iba a ser mi último día sobre la Tierra.
Ayer llegué a casa no sé a qué hora ni cómo, mis padres estaban, pero en la circunstancia actual eso equivale a menos que estar solo. Como aquel día de hace años mi memoria no alcanza para mucho, únicamente recuerdo los escalofríos, meterme bajo mis cobijas y despertar horas más tarde...
Lo primero que hice al abrir los ojos fue evocar la imagen de una persona y luego ver el reloj: casi media noche. Era demasiado tarde para llamar a esa única persona con la cual podía sentirme realmente aliviado...

5 comentarios:

El gato azulgrana dijo...

La siguiente vez que te suceda eso (espero que no sea pronto), y si es muy tarde para que llames a esa persona, sabes mi número, márca cuando gustes, no importará si pasa de las doce :)

mangelacosta dijo...

Chale, y entonces para qué está uno sino para esos momentos. Espero que estés mejor. Un abrazo.

Anónimo dijo...

No sé si alguna vez pueda ser de ayuda para ti, como lo fuiste tú para esta servidora... que agradece infinitamente el haber encontrado un par de oídos que quisieran escucharme, espero que te encuentres mejor de salud y sí en algún momento puedo ayudarte, sabes que cuentas con una persona que te aprecia..
Att. Sara.

Anónimo dijo...

No sé si alguna vez pueda ser de ayuda para ti, como lo fuiste tú para esta servidora... que agradece infinitamente el haber encontrado un par de oídos que quisieran escucharme, espero que te encuentres mejor de salud y sí en algún momento puedo ayudarte, sabes que cuentas con una persona que te aprecia..
Att. Sara.

JJ dijo...

Iván, Miguel, Sara: Gracias a los tres por lo que dicen. Espero que sepan que es igual de mi parte y que en cualquier momento pueden llamarme, a la hora que sea. Yo tengo en cuenta que es recíproco y probablemente cuando pase algo similar los llame. Ya ha ocurrido, por cierto.
Un abrazo.