jueves, 27 de agosto de 2009

Roque Dalton y yo

I
Conocí la poesía de Roque Dalton cuando tenía 20 años y cursaba el primer semestre de la licenciatura. En ese momento Roque Dalton sólo era un nombre, algo intangible que había oído mencionar alguna vez. Entonces decidí indagar un poco y dos datos me fueron suficientes: fue guerrillero y poeta. Desde mi perspectiva de aquella época no había mucho más que pudiera provocar que me interesara en conocer la vida y la obra de alguien, pues Roque Dalton representaba dos de las actividades que consideraba verdaderamente humanas: poeta, porque de nada valen el mundo y la vida si no hay quien deje testimonio de ellos, y guerrillero, porque de nada sirve el tránsito en este mundo si no procuras un cambio para hacerlo mejor, ya no para ti mismo, sino para quienes vengan después.

Fue así que un buen día conseguí una antología a préstamo de la biblioteca de mi facultad. Bastó leer un poema, dos, para darme cuenta de que ante mí se abría un mundo, pero que, desafortunadamente, se trataba de un mundo que en ese momento no habría de explorar. (De vez en cuando me he encontrado con una obra cuyos alcances sé que no lograré percibir, ya sea por mi circunstancia, por mi ignorancia, porque el puto cielo no está de color azul -hablo de obra literaria como el total de un escritor-)

Leí una y otra vez esos poemas. Los leí a compañeros de la licenciatura que apenas alcanzaban a mirarme un tanto extrañados, sorprendidos no sé por qué o de qué. Los leía como diciendo: "¡Entiendan!, ¡esta es una verdad irrefutable! Quizá los leía así porque intuía algo que hasta ahora no deja de ser sino un presentimiento no sé de qué. Temeroso, apenas alcancé a ojear unos cuantos poemas más. Luego de que expiró la fecha de devolución mantuve el libro bajo mi brazo varios días más. Finalmente decidí regresarlo, en todo caso en algún otro momento podría pedirlo de nuevo.

Para mi sorpresa, al volver a buscarlo, tan solo un par de días después, el libro había desaparecido. Alguien tuvo a mal robarlo, porque desde entonces no lo he vuelto a ver, y ya van nueve años en los que, de vez en cuando, vuelvo a las estanterías de la biblioteca con la vana ilusión de hallar esa antología de Roque Dalton.


II
Ana, la niña cool amiga de mi novia, tuvo que viajar a El Salvador hace unos meses. Pensé tantas cosas: por qué no podría acompañarla y buscar información para la tesis que abandoné, pensé en pedirle libros sobre Ignacio Ellacuría, lo que pudiera encontrar sobre noviembre de 1989 en la UCA, algo sobre Arena, documentos del FMLN, hasta una camiseta de Monseñor Romero, el libro acerca Rutilio Grande escrito por Rodolfo Cardenal. Pero al final sólo alcance a decirle por impulso: "Si puedes, tráeme algo de Roque Dalton. Lo que sea".

Una semana después, en una de esas sesiones de cine en viernes por la noche que ya hacen falta, recibí como obsequio un libro de poesía y una novela. Simplemente los contemplé, los miré una y otra vez antes abrir las hojas.


III
El sábado fue un día de contrastes, de altas y bajas. Nota alta: ver a Iván; nota baja: se compró un LP que me hubiera gustado tener y no pude evitar sentir una ligera envidia (a veces soy una basura pero así pasó, creí que yo lo apreciaría más, un grupo importante en este año, asentado aquí mismo, al menos así me justifico). Nota alta: ver a Lalo; nota baja: no poder seguir la embebida programada. Nota alta: haber hecho todo lo posible por quedar bien con la gente que vería ese día; nota baja: no sirvió para un carajo.

Nota baja: quedarme sin ánimo para hacer algo; nota alta: salir a caminar en la noche. Nota baja: los altos precios de los libros; nota alta: por fin una antología de Roque Dalton, ¿será la misma?; nota alta: descubrir que sí; nota baja, mi presupuesto.

Nota alta: la plática con Miguel hasta casi media noche. Nota alta: haber releído esos poemas de nueve años antes.


IV
Creo que desde mi etapa alta de depresión no me había quedado sin dinero en la bolsa. Luego de meditarlo, después de pedir consejo a Mariana, fuimos a la librería por la antología de Roque Dalton.

Ese día, por la noche, mientras pensaba y recordaba lo que escribí arriba, me pregunté por qué antes no me había sentido capaz de recibir debidamente la poesía de Roque Dalton. No obtuve mucha respuesta.

También me pregunté por qué nunca pensé en él para un tema de investigación de tesis. He cambiado varias veces de tema, por eso es interminable, pero creo que en verdad sería algo agradable, algo que me motivaría. La respuesta a por qué no lo pensé antes es obvia. Entonces me pregunté si más adelante, en caso de continuar los estudios de postgrado algún espero no tan lejano día, quizá entonces podría plantearme una investigación sobre el poeta salvadoreño. Pero las preguntas más importantes fueron la siguiente: ¿a él le agradaría eso?, ¿podría hacer algo que no sólo fuera digno sino que incluso él mismo aprobaría? No sé si fue sugestión, no creo en las casualidades, pero juro que entonces sentí un escalofrío recorrer mis brazos y di por sentada la respuesta.

Quizá, como muchas cosas que pienso, sea sólo una linda idea en mi cabeza y no algo que algún día avance y vea la luz... Pero el escalofrío se ha repetido: al dar inicio a esta entrada y al llegar a esta línea.


V
Algunos poemas que leí entonces:

Estudio con algo de tedio

Clov: -Llora,
Hammn: -Luego vive.
(Diálogo de Fin de Partida, de Beckett)

Tengo quince años y lloro por las noches.

Yo sé que ello no es en manera alguna peculiar
y que antes bien hay otras cosas en el mundo
más apropiadas para decíroslas cantando.

Sin embargo hoy he bebido vino por primera vez
y me he quedado desnudo en mis habitaciones para salvar la tarde
hecha minúsculos pedazos
por el reloj.

Pensar a solas duele. No hay nadie a quien golpear. No hay nadie
a quien dejar piadosamente perdonado.
Está uno y su cara. Uno y su cara
de santón farsante.

Surge la cicatriz que nadie ha visto nunca,
el gesto que escondemos todo el día,
el perfil insepulto que nos hará llorar y hundirnos
el día en que lo sepan todo las buenas gentes
y nos retiren el amor y el saludo hasta los pájaros.

Tengo quince años de cansarme
y lloro por las noches para fingir que vivo.
En ocasiones, cansado de las lágrimas,
hasta sueño que vivo.

Puede ser que vosotros no entendáis lo que son estas cosas.

Os habla, más que yo, mi primer vino
mientras la piel que sufro bebe sombra.


Los locos

A los locos no nos quedan bien los nombres.

Los demás seres
llevan sus nombres como vestidos nuevos,
los balbucean al fundar amigos,
los hacen imprimir en tarjetitas blancas
que luego van de mano en mano
con la alegría de las cosas simples.

¡Y qué alegría muestran los Alfredos, los Antonios,
los pobres Juanes y los taciturnos Sergios,
los Alejandros con olor a mar!

Todos extienden, desde la misma garganta con que cantan
sus nombres envidiables como banderas bélicas,
sus nombres que se quedan en la tierra sonando
aunque ellos con sus huesos se vayan a la sombra.

Pero los locos, ay señor, los locos
que de tanto olvidar nos asfixiamos,
los pobres locos que hasta la risa confundimos
y a quienes la alegría se nos llena de lágrimas,
¿cómo vamos a andar con los nombres a rastras,
cuidándolos,
puliéndolos como mínimos animales de plata,
viendo con estos ojos que ni el sueño somete
que no se pierdan entre el polvo que nos halaga y odia?

Los locos no podemos anhelar que nos nombren
pero también lo olvidaremos…


Hora de la ceniza

Finaliza Septiembre. Es hora de decirte
lo difícil que ha sido no morir.

Por ejemplo, esta tarde
tengo en las manos grises
libros hermosos que no entiendo,
no podría cantar aunque ha cesado ya la lluvia
y me cae sin motivo el recuerdo
del primer perro a quien amé cuando niño.
Desde ayer que te fuiste
hay humedad y frío hasta en la música.

Cuando yo muera,
sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable,
mi bandera sin derecho a cansarse,
la concreta verdad que repartí desde el fuego,
el puño que hice unánime
con el clamor de piedra que exigió la esperanza.

Hace frío sin ti. Cuando yo muera,
cuando yo muera
dirán con buenas intenciones
que no supe llorar.

Ahora llueve de nuevo.
Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto
como hoy.
Siento unas ganas locas de reír
o de matarme.

2 comentarios:

mi nombre es alma dijo...

Uno de los comentarios que me han dejado en una entrada me ha dirigido a este post tuyo, coincidimos en nuestro gusto por Roque Dalton, y por lo que veo por otros poetas.

Saludos

Mati dijo...

hola amantes de Dalton!

Estuve buscando info sobre este grandioso poeta, y quiero compartirles esta dirección http://www.editlegado.com en esta web tienen a la venta las obras de Dalton y la biografía El ciervo perseguido, hacen envíos a todo el mundo, es una librería enfocada en la producción centroamericana...

saludos y provecho con sus lecturas!