martes, 20 de septiembre de 2011

Albatros

Cuando era niño mis padres compraron una serie de enciclopedias y diccionarios. La idea, lo sé, era más bien de mamá, y a papá no le quedaba mucho por decir. Así acumulamos alrededor de cuatro series de tomos que contenían buena parte del conocimiento humano. Pocas veces consulté las enciclopedias para hacer mis tareas escolares. Y llegando a la preparatoria quedaron prohibidas por varios profesores. Sin embargo, me gustaba leer, de vez en cuando, algún artículo al azar. Esas lecturas no eran sino una mala versión de mi idea de leerme de cabo a rabo alguna de las enciclopedias. Cuando vivía en Aguascalientes tuve la intención de leer cada uno de los artículos y aprender, adquirir conocimiento en la mayor medida posible. Hasta la fecha no he tenido la disciplina para hacerlo, así como tampoco para un buen número de proyectos más. Antes solía reclamar mi falta de disciplina a la ausencia de mano dura por parte de mis padres, pero hoy reconozco que yo mismo soy laxo y condescendiente al hablarme. En fin, volviendo al punto, cuando quise leer toda una enciclopedia de cabo a rabo me encontré con la definición de Albatros. A los ocho años nunca había oído la palabra y menos había visto dicha ave. Nunca olvidé la palabra Albatros ni el dibujo que la acompañaba, quizá por ser la primera palabra que leí en la enciclopedia o porque siempre que reinicié mi proyecto (sólo un par de veces más) comencé por leer el mismo artículo. Años después leería a Baudelaire y el Albatros tuvo un significado ampliado. Algún día, cuando las deudas lo permitan, podré hacerme el tatuaje que diseñé, con un albatros en vuelo y la frase "This bird has flown". Algún día terminaré cualquiera de mis proyectos, ya no importa cuál, sólo que exista... Y algún día, espero, también compraré libros de consulta para algún hijo, y procuraré lo mejor para él o ella, a pesar de que nada me garantice que las cosas no se volverán a echar a perder...

3 comentarios:

textonauta dijo...

Aplica el látigo, Juan. Lo duro de la disciplina es sólo comenzar. Después, las acciones toman impulso y rumbo. Te lo prometo. Lo poquito que he logrado (en todo ámbito) se ha forjado así, dando el primer latigazo que me saque del arrancadero: evito así caer en el desbarrancadero, aunque sea una cacofonía.

Un abrazo.

JJ dijo...

¡Bah!, las cacofonías son cosa de interpretación jejeje... Seguiré tu consejo. Creo que tienes razón, igual que tú, los pocos (y quizá mínimos) triunfos que he conseguido han sido cosa de seguir, de establecer una suerte de rutina, de continuar sin pensar demasiado.

Cosa aparte: por lo general, cuando evoco la idea de "triunfo" recuerdo a Ismael Serrano: "Sólo pequeñas batallas que antes creía ganadas, que perderé mañana"... En fin... No es momento de esto, sino de aplicar el método Seinfeld...

Abrazo de vuelta.

Anónimo dijo...

pensé en este texto por tu albatros, saludos.

El albatros

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
Aquél, mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,
Que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas de gigante le impiden caminar.

Baudelaire