jueves, 11 de junio de 2009

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En definitiva puedo asegurar que para cada quien hay libros más apreciados que otros. No hablo solo del contenido, sino del objeto en sí. Anoche, ya con dolor de cabeza y un estado de sueño que me hacía tambalear más que caminar, busqué en un librero ese poemario que quiero releer pero ahora sí completo, y no lo hallé. Se trata de un facsímil de no muy buen acabado, pero me resultaba querido. Encontré, en cambio, una compilación de poemarios del mismo autor y me dije: no hay problema, pero ya va a ser momento de organizar este desmadre.
Lo grave, lo angustiante, lo que sí me despertó y mandó mi cefalea al demonio fue cuando busqué un libro de César Vallejo, porque pensé: ok, leo este completo, pero primero releo por no sé cuál vez Trilce y algo de Los heraldos negros. No aparecía por ningún lugar ese libro, una edición más bien sencilla, sin nada espectacular pero que me resultaba entrañable por el tiempo que vivió bajo mi almohada, cobijado por mi brazo, viajando de un lugar a otro. Soy remamón con mis cosas, los libros en particular me gusta que estén bien cuidados, sin dobleces, sin marcas, pero este libro está más manoseado que nada, y aun así es de los pocos que me llevaría al exilio. Anoche, mientras lo buscaba y desorganizaba aún más el desmadre de mi cuarto, quizá por cierta afición a la hipérbole pero más bien por el significado del libro, sólo me repetía un verso del mismo Vallejo: Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Después de no sé cuánto tiempo, supongo que el suficiente para que el desvelo se me marque hoy en la cara y me pese en los brazos, afortunadamente, lo hallé. Todavía me di unos minutos para leer algo de esos libros y de uno más. Después dormí, no muy serenamente, pero dormí.
Dejo un poema más que conocido, pero que siento que llegó el momento de que halle un lugar en este espacio.

Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!

3 comentarios:

El gato azulgrana dijo...

"Remamón", pues creo que sí, mucho.
A pesar de eso me los has prestado, se te agradece, no te preocupes están bien cuidados.

JJ dijo...

Sí, y tienes El juguete rabioso, que también es de este tipo... y además de bien cuidados espero que estén bien leídos... un abrazo

El gato azulgrana dijo...

Lo mismo podría decir de los discos que tienes, espero que estén bien escuchados jajajaja.
Saludos mi estimado PP.